viernes, 13 de diciembre de 2013

Marraquech. Nuestro punto de partida

Son muchas las veces que he estado en esta ciudad y todas fueron en los días cercanos al final del año. Los mejores, sin duda, los dos que coincidieron con el ramadán y que me han dado fondo de armario para contar multitud de veces las anécdotas propias de la ruptura del ayuno en un lugar ciudad excepcional como es esta.


Es muy diferente llegar como hoy por primera vez con temperatura primaveral y en la cercanía de los días largos, esos en los que el sol amenaza con martirizar a la gente de esta ciudad grande, chata y roja.

Llegué con tiempo desde Esaouira para esperar a mi hermano. Mi día de ventaja sirvió para gestionar los pequeños asuntos que me dejaran rodar después sin preocupaciones: reparé el juego que hacía el rodamiento de la potencia de mi bici, encontré cajas de cartón con las que hacer mi embalaje aéreo de vuelta, organicé el alojamiento para nuestro regreso y algunas otras gestiones menores.

El día de la legada de Alberto aún tuve tiempo de estudiar con cuidado la salida de la ciudad y acercarme con antelación a la tienda que suministraba la bici de mi hermano y revisar que su talla y su portaequipajes estuvieran a punto.



Al fin, a mediodía, apareció mi hermano procedente de un vuelo desde Madrid y listo para cambiarse y ponernos sin demora en ruta. Mi hermano es feliz cada vez que pisa este país. Lo huele, lo mira,  saborea cualquier cosa que se lleva a la boca, cierra los ojos, suspira hondo y ya está: ¡¡Estoy en Marruecos!! 

Etapa 3: Marraquech a Tahanoute

Rodamos con una primera hora de calor llevadero muy cerca del mediodía. Mi hermano va haciéndose a la vez al sillín, a la bici, al cambio, al tráfico, a la orientación y al calor. No está mal el reto cuando seguro que estuvo hasta última hora de la tarde de ayer trabajando en su oficina.

Vamos suave vigilando el tráfico, rodeados de grandes fincas, de olivos y de huertos. El terreno es llano y se aproxima lentamente a la cordillera que se ve imponente al frente, aunque lejana aún.


Los 34 kilómetros se hacen en un rato. Después de una leve exploración terminamos haciendo preguntas en la farmacia. Sucede que en estos lugares siempre hay gente instruida que habla francés y conoce alojamientos y otras modernidades.


La negociación no llega a un éxito completo y se reduce a una estupenda habitación, que no es poco. A cambio el lugar es perfecto: la calma entre los olivos. Cenamos en el pueblo y nos aprovisionamos de material para un desayuno autónomo: zumos, quesitos y pastelillos.

Datos:                 Distancia       Tiempo rodando        Velocidad media        Tiempo etapa

Etapa 3
34 Km.
2:08 horas
16,0 km/h
2:45 horas
Acumulado*
160 Km.


11:25 horas