Para mí el viaje es una disposición solitaria al
encuentro de lo ajeno, a la búsqueda paciente del reflejo de uno mismo en lo
que me rodea.
Los hallazgos aún se hacen más intensos si el desplazamiento
es caminando. Paso a paso. Esos episodios, muchas veces largos en horas y agotadores
de fuerzas, en los que sin embargo se recorre poca distancia, unos escasos 25 o
30 kilómetros.
Esta travesía ya concluida del proyecto península ya era
la decimoctava caminata desde los inicios en 2009. Casi todas han sido en solitario
pero en la más reciente casi han sido la mitad las jornadas que he compartido
con otros.
Durante las semanas de preparación fui añadiendo a mis
etapas, además de hitos de paso, características y alojamientos, deseos o
pequeños objetivos de encuentro, fueran familiares o de amistad.
Santander, a mitad del recorrido, propiciaba toda
clase de conexiones, de modo que otros caminantes se incorporaban con facilidad
a mi ruta y se desprendían del trayecto a su conveniencia una vez cumplido el
propósito.
Los primeros compañeros fueron mis hermanos Alberto y Pío.
El primero, Cuérigo (Asturias 1962) es ya un compañero habitual, de tres
etapas, en las travesías recientes. Animoso y positivo siempre es enriquecedor
caminar con él. Pío, Tetuán 1959, es un caminante cotidiano en su ocio urbano y
un avezado y competente andarín en las montañas asturianas. No costó
convencerle de que se uniera a nosotros y, inevitablemente, abrió camino en la
intrincada geografía vizcaína. Un fraternal y gran equipo.
Desde Bilbao a Santoña recuperé mi cadencia de
caminante y el apacible ritmo del pensamiento unas veces sereno y otras
bullicioso.
Bajo la
amenaza de la lluvia se incorporó al camino mi hija mayor, María, que ya me acompañó
en el camino de sirga del Canal de Castilla. En muy buena forma María te
mantiene alerta y más que entretenido con su animada conversación, proyectos,
ensoñaciones y toda clase de utillaje de su amueblada cabeza. Discrepamos en la
elección del alojamiento: yo empeñado en pernoctar en el concurrido albergue
del Abuelo Peuto y ella en buscar un hotelito rural con encanto. Me salí con la
mía por los pelos J
Batidos por el viento recorrimos los últimos
kilómetros sobre los acantilados de Langre hasta alcanzar en la bruma el
solitario embarcadero de Somo. Los caminantes alcanzaron a paso vivo el refugio
de las nietas y la bonita casa de María.
El relevo de mi hija fue fruto de una iniciativa de
algún tiempo atrás para sacar a un viejo amigo de las sombras del dolor,
siquiera fuera por unas horas.
Mi nuevo compañero, Alfredo, se incorporó a la
travesía en Santa Cruz de Bezana. Caminante cotidiano de paseos cortos se
incorporó resuelto a una etapa bastante larga. Casi no sentí la distancia
enfrascado en nuestra conversación que, por momentos, parecía una continuación
de cualquiera de nuestras pláticas anteriores, en tantos años de compartir los
despachos de Educación.
Me hubiera gustado seguir camino de Asturias con el
amparo de su compañía pero, a pesar de la invitación a continuar de su mujer,
Alfredo fiel a sus planes decidió volverse a casa.
A partir de Santillana mi caminar sigiloso discurrió
en solitario por las pequeñas carreteras y caminos de los confines occidentales
de Cantabria. Comillas, San Vicente, Unquera…
En un Albergue de La Franca compartí alojamiento con
tres jóvenes y al día siguiente coincidí con una de ellas en desbrozar sinuosas
y fatigosas sendas costeras hasta alcanzar Llanes.
Más adelante, terminé compartiendo etapas y
alojamientos con dos jóvenes de Huelva animosos y llenos de energía que en
algún tramo debieron dejarme atrás para que recuperara el aliento. Con todo,
era una inspiración caminar con Cristina y Alex y ponerme al tanto de sus
proyectos, tan extensos como para ocupar la larga vida que tienen por delante.
Cumplida la décimo octava etapa caminé un trecho al
despuntar el día hacia La Laboral de Gijón, meta de mi empeño por esta
primavera.
Ya puedo mirar el final cercano de mi aventura de
caminar todo el perímetro de la Península Ibérica desde Port Bou a Irún. Apenas
me quedan por delante dos travesías: la que continuará por el norte desde Gijón
al cabo de Finisterre y la que cerrará el recorrido mediterráneo desde Gandía
al cabo de Palos, en Murcia.
Confío en conservar la energía para emprender nuevas
caminatas, aunque sea en proyectos más pequeños.