Mostrando entradas con la etiqueta Travesias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Travesias. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de noviembre de 2022

Península XX. La travesía final. De Moraira al Cabo de Palos


Esta ha sido la travesía final del largo proyecto de Península con el que estoy ocupado desde 2009 y, además, he vuelto a la bici con la intención de sortear con ligereza este último tramo que tiene unas condiciones de tráfico infernales.

Para mejorar aún más el panorama he pedaleado acompañado. Con mi amigo de la época de la universidad José Ramón Negueruela, con el que coincidí en la travesía de este año en el Canal de Castilla y al que nada más proponerle este viaje acepto sin condiciones.

Ha sido José Ramón un compañero inmejorable en toda la travesía, que para él era la primera, y también para mí era una completa novedad su compañía porque siempre he pedaleado solo.
A él le debo la búsqueda en vivo de los mejores caminos para evitarnos el asfalto y el tráfico. Y también hemos compartido la calma y lel buen ánimo en cualquier circunstancia. 



Tan solo han sido tres jornadas que no alcanzaron los 300 kilómetros pero que hemos disfrutado en todas sus vicisitudes: los caminos, las cuestas que se me atragantan, los breves ratos de descanso y los más largos de reponer fuerzas, la acampada nocturna de Torrevieja y los encuentros inesperados con la población de la zona.








Mapa completo de las travesías de Península


Para ver el vídeo de la travesía picar en el siguiente enlace de este blog

https://400dias.blogspot.com/2022/12/peninsula-xx-version-luka-de-moraira.html






jueves, 14 de octubre de 2021

...A ESTAMBUL

 No tengo remedio. A pesar de haber dejado los largos viajes en bici hace un par de años no he podido resistirme a un nuevo periplo más cercano y, puede, que más fácil a la parte europea de Turquía, la ribera búlgara del Mar Negro y una parte de Grecia. El boceto de esta travesía es este:


O visto de algo más cerca el recorrido de 29 etapas y cerca de 2.000 km es este:


Por suerte, todas las expediciones en bicicleta están llenas de incertidumbres porque sus preparativos, aunque minuciosos, no alcanzan a definir más que unos pocos asuntos sobre el equipo, los repuestos, la ruta básica y poco más. El resto son asuntos que hay que gestionar sobre el terreno según se van presentando.

Solo así se puede vislumbrar la aventura, a sabiendas de que el viaje será cansado y poco confortable, que es inseguro aunque no peligroso. Esos días venideros, aún por hacer,  son el pequeño reto que me propongo para lo que queda de 2021. Tengo alguna experiencia, buen ánimo y...ropa de abrigo!










lunes, 5 de junio de 2017

De nuevo en el camino

Vuelvo a las andadas, nunca mejor dicho :-)

En unos días regreso a Portugal a seguir caminando por su fachada atlántica desde el punto en que lo dejé el año pasado. Retomaré en Porto Covo, cerca de Sines, la ruta al norte que me lleve hasta Setúbal, Lisboa y Nazaré.

El año pasado ya pude hacer un buen trozo de "Península" , recorriendo todo el Algarve y doblando el Cabo San Vicente hacia el norte sin sufrir ningún contratiempo. Creo que aprendí de los errores de entonces (la travesía de 2015)

En realidad, aun en junio, debería estar rodando en mi bicicleta por Tanzania, descendiendo desde El Cairo a Ciudad del Cabo en la que iba a ser mi travesía más ambiciosa. La suerte fue que mis preparatorias revisiones médicas permitieron detectar un cáncer de pulmón antes de que me hubiera quedado hecho trizas en esas carreteras de África.

Pero aquí estoy de nuevo, tras meses de tratamiento, con todo eánimo para acometer una travesía más. Encima con la alegría de que las tres primeras etapas estaré acompañado de mi hermano Alberto. Una compañía perfecta.

Rodando en Atlas. 2013
Con todas las programaciones de hospital y aun así no he descuidado mi entrenamiento. He caminado casi a diario desde mediados de abril aunque más moderadamente que otros años. He reducido algo el peso de mi mochila, hasta los .850 gramos, y por prudencia reduciré las etapas tanto como sea necesario. Mas que nunca voy a disfrutar!!

Este es mi plan:


Mi hoja de ruta tiene ahora etapas menos ambiciosas y un comienzo más moderado en las distancias a recorrer. Ya tengo afinadas mis primeras noches, entre albergues de juventud portugueses, acogedores y económicos, y las literas de los guest house que proliferan en el litoral portugués.

Vuelvo confiado a Península, mi gran viaje de pequeños pasos.  Esta es la duodécima vez que me pongo en camino para intentar recorrer el contorno de la península en la que vivo.  Pura geografía.  


Los días son muy largos en junio y un aire limpio y caliente invade los caminos. Las mañanas caminando junto al mar se harán tibias y azules. Es hora ya de encontrarme de nuevo en Portugal, entre portugueses, tan calmados y pacientes. 

Estoy preparado.

jueves, 6 de octubre de 2016

La travesía de Baja California en Rodadas

La revista digital Rodadas, que reúne a los aficionados a viajar en bicicleta, ha alojado entre sus viajes por América el que hice entre 2015 y 2016 desde Los Ángeles hasta la Paz.


Pica este enlace para leer más.




Y también ha incorporado la guía, con otro contenido, dentro del proyecto "Panamericana", pensado para los cicloviajeros que atraviesan el continente entero.


Pica este enlace para leer más







lunes, 3 de octubre de 2016

Sierra Morena. Un tramo en bicicleta


Agosto de 2016


La Sierra Morena es un espacio geográfico que habita en nuestra memoria. Aparece como escenario de la historia de las fronteras medievales, de las leyendas modernas de bandoleros e invasores y de los tiempos actuales de puesta en valor de los espacios naturales.

Sobre el terreno sorprende un territorio tan amplio, escasamente habitado, en el que pueden sortearse las vías de comunicación, atravesar bosques y secanos en donde no se espera a nadie y, en verano, resistir el calor envuelto en un silencio ardiente y pacífico.

Sierra Morena se presta a un recorrido con continuidad, a pie, a caballo o en bici, que va desde la frontera portuguesa hasta Despeñaperros, con más de 500 kilómetros de carriles, veredas de trashumancia y caminos, siguiendo el GR 48 por las provincias andaluzas de Huelva, Sevilla, Córdoba y Jaén. En esta ocasión, la travesía abarcó algo menos de la mitad del recorrido posible, desde Santa Olalla de Cala, en Huelva, hasta Cerro Muriano, en la provincia de Córdoba.

Entre la meseta castellana y la depresión del río Guadalquivir, la Sierra se presenta ondulada, predominando una sucesión de colinas entre los 150 y 250 metros de altitud y algunos collados, de laderas normalmente suaves, que pueden alcanzar los 400 metros de altitud. No hay cursos reseñables de agua y si algunos pantanos en la ruta o muy próximos.



¿Cuál es la mejor época para ir?

No hay duda de que en la primavera o el otoño, con sus temperaturas moderadas y las vistosa transformaciones del paisaje que ofrecen esas estaciones, son los días ideales para adentrarse en estos caminos. En nuestro caso, el reto ha sido rodar en pleno verano. Sin duda es desaconsejable, pero apto para gente intrépida y, al tiempo, prudente.


Como cabe imaginar, los días resultaron abrasadores, con temperaturas máximas diarias que no bajaron de 32 grados y que llegaron a alcanzar los 36 o 37 al aproximarnos al Guadalquivir. Las noches fueron menos agobiantes, con temperaturas entre los 21 y los 24 grados.



Estas temperaturas nos llevaron a la búsqueda de distintas estrategias para aminorar su impacto. Teniendo en cuenta que no conseguíamos salir antes de las 9 o 9,30, el mejor plan resultó ser rodar hasta las 14 horas (12 hora solar) tirar la lona bajo una encina y dejar pasar las peores horas comiendo, dormitando o conversando, hasta que se retomaba la marcha a las 17:30 o 18 horas hasta las 20, o algo más si era necesario.


Para leer más y tener una guía completa, picar este enlace:


http://400dias.blogspot.com.es/p/sierra-morena-de-santa-olalla-cerro.html

lunes, 23 de mayo de 2016

De nuevo en camino. Península.

Vuelvo a las andadas, nunca mejor dicho :-)

En dos días regreso al sur. Retomaré en Ayamonte la ruta hasta el Cabo de San Vicente que dejé atascada el año pasado por una lesión en el pié. Confío en haber aprendido de los errores de entonces.

¿He hecho los deberes? Creo que si.

Lo primero fue jubilar a mis viejas botas que llevaban ya un montón de viajes y comprar otras que he ablandado con paciencia desde el verano pasado.


Además, este año he entrenado a conciencia: Han sido 41 sesiones desde que volví de México a principios de febrero. Desde inicios de marzo abandoné la bici y tan solo he caminado. Habré entrenado en este tiempo unas 70 horas y recorrido más de 350 kilómetros. En mayo añadí a mis entrenos los palos nórdicos y la mochila en lastre de 5 kilos. Predominantemente subiendo y bajando de la sierra cercana a casa.

También he mejorado mi equipo con una nueva mochila con adaptación a mi espalda y he suprimido el equipo de acampada a excepción de un saco de dormir ligero.


Mi hoja de ruta tiene ahora etapas menos ambiciosas y un comienzo más moderado en las distancias a recorrer. Ya tengo afinadas mis primeras noches, entre albergues de juventud portugueses, acogedores y económicos,  y la hospitalidad de mis amigos de couchsurfing en Olhao, Faro y Loulé.  

Vuelvo confiado a Península, mi gran viaje de pequeños pasos.  Me parece que esta es la undécima vez que me pongo en camino para intentar recorrer el contorno de la península en la que vivo.  Pura geografía.    
 

Los días son largos en mayo y un aire limpio invade los caminos. Las mañanas caminando junto al mar se hacen tibias y azules. Es hora ya de encontrarme de nuevo en Portugal, entre portugueses calmados y pacientes. 

Estoy preparado para saborear sus secretos.

martes, 6 de enero de 2015

Ruedo hacia el sur

Los primeros kilómetros al salir de El Calafate, en la Patagonia Argentina, se me hicieron fáciles y felices. El viento corría a mi favor, mi bicicleta cargada parecía estable y dura de pelar, en mi ánimo había la emoción de quien cualquier día piensa que estará aqui, tan lejos, y llega el momento y está. Parece natural si no llevara en la trastienda tantos y tan minuciosos preparativos. Pero era 2 de enero y estaba saliendo de la ciudad rumbo a Puerto Natales, en Chile. Mi primer tramo rutero camino de Usuaia.

Luego el día fue pasando y pesando y los últimos 25 kilómetros, azotado por un viento de costado constante, me cambiaron el semblante y algunos de los buenos pensamientos con los que partía tan alegre en la mañana.

Me adentraba en un desierto en el que no hay siquiera un árbol o una casa en la que cobijarse. Una piedra grande, una roca, alguna cosa vertical. Nada. De poste en poste fui organizando las paradas y sobrellevando los casi 100 km de la jornada.

Al fin. Una pared blanca y refulgente a lo lejos que tomaba forma, un hito previsto sobre el mapa que aparecía ante mis ojos. Ansioso como un perro hambriento llegaba al puesto de viabilidad de la N5 que ya sabe de ciclistas que llegan exhaustos al final del día y que sonrríen felices al sentirse casi esperados..


Una caseta abandonada pero entera me sirvió de refugio. Luego mi "prolijito" equipo y mis artes de cocinero fueron haciendo de aquella cabaña un lujoso albergue. Barrí por la mañana con cuidado a sabiendas de que algunos ciclistas llegarían molidos a este buen puerto.


Tomaba al día siguiente mi bautismo de ripio, que es como llaman aquí a las carreteras sn asfaltar y que van desde una fina gravilla sobre firme liso y duro que deja rodar rápido hasta un manto de pedruscos semienterrados sobre los que vas botando o rebotando si, además, tienen bandas como un serrucho. Si va malo no haces más de 5 km. en cada larga hora de saltos sobre tu sillín.

Pero...en 70 kilómetros hasta Tapi Aike hay de todos los ripios posibles. Infinito desierto y la soledad más sola que pueda imaginarse. Un lugar inhabitado e inhabitable. Un reino de piedras y silencio.


Un cartel remoto anunciaba, antes de entrar en el pedregal, que en Tapi Aike había gasolinera y restaurante. Y aunque fui rebajando con prudencia mis figuraciones sobre el alcance de aquel cuchillo cruzado sobre un tenedor no fui suficientemente austero. Allí estaba aquella pareja de mestizos, con aspecto de exiliados más que de emigrantes, que regentaban un poste en el que no paró nadie en la hora en que hice cierto el reclamo preparando con parsimonia un arroz con atún aprovechando las mesas del local en el que, antes de mi llegada, solo había refrescos en una cámara, unos paquetes de galletitas y unos chicles.


Viabilidad fue de nuevo mi cobijo. Esta vez en un remolque vivienda previsto para los obreros que atienden reparaciones en carreteras remotas.


Salí el tercer día con buen sol y mejor viento a la espalda. Avanzaba rápido en busca del cruce para Cerro Castillo y entrar pronto a Chile, siguiendo el plan de mis amigos ciclistas italianos Claudio y Dino, o seguir en mi ruta original más al sur hasta Río Turbio.

Viendo las Torres de Payne a lo lejos meditaba si adentrarme en aquellos parajes o descansar por unos días de tantos turistas ajetreados, ruidosos y fotógrafos como he visto en Iguazú y en el glaciar P. Moreno. Llegó el cruce, a 40 km de la salida, y sobre el ripio que se abría por delante esperé unos minutos para consultar a un transportista de guiris. De toda su prolija información lo mejor fue el consejo final: Si no va usted a ir al Payne siga por Argentina para Natales.

Y eso fue lo que hice. Seguir en asfalto al sur hasta dar con el valle del Río Turbio, que tenía los primeros árboles que veía en 200 km. Seguí hasta la localidad del mismo nombre escoltado por un par de ciclistas jóvenes y locales. Una pequeña ciudad de autos ruidosos desvencijada, sucia y gélida. Una ladera remota en la que se junta la minería del carbón, la lejanía de cualquier parte y un clima detestable. Otro severo lugar para el desterramiento

Mi objetivo en la mañana del cuarto día era "pasear" los escasos 30 km que me faltaban para mi destino en Puerto Natales, Chile. Pero la ruta te sorprende siempre: primero con una dura y larga rampa hasta la frontera y luego, ya en Chile, con un durísimo viento de costado que me llevaba de lado a lado de la carretera, como a una pluma, pese a los 132 kl. que pesa mi convoy al completo

El perro del servicio de Agricultura y control de plagas evitó que en el paso Dorotea tuviera que desmontar todo mi equipaje y conversé un buen rato con los aduaneros interesados en todo. Siguió un descenso de frío y viento para olvidar

Llegué aliviado a P. Natales. No solo me esperaba con suerte un buen cobijo, también había decidido tomarme un día de "reparaciones" para salir de nuevo con todo el equipo limpio.

Noto como el paso de los kilómetros me endurece. No es un asunto físico. El cuerpo parece insensible a los rigores que si hacen mella en el pensamiento, que se pregunta a cada reto, sea de ripio, de cuestas o de viento, que es lo que hacemos aquí. Y lo que es más importante: dónde está el límite de lo sensato para seguir. Ajusto cada día, por seguridad, los parámetros para tener bien presente los límites.

La soledad de los dos primeros días ha sido lo más difícil. Han quedado atrás. Prefiero pedalear solo pero no necesito que todo sea soledad a mi alrededor durante todo el largo día. Así se entiende que mi reencuentro con los árboles me pareciera una fiesta.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Marraquech. Nuestro punto de partida

Son muchas las veces que he estado en esta ciudad y todas fueron en los días cercanos al final del año. Los mejores, sin duda, los dos que coincidieron con el ramadán y que me han dado fondo de armario para contar multitud de veces las anécdotas propias de la ruptura del ayuno en un lugar ciudad excepcional como es esta.


Es muy diferente llegar como hoy por primera vez con temperatura primaveral y en la cercanía de los días largos, esos en los que el sol amenaza con martirizar a la gente de esta ciudad grande, chata y roja.

Llegué con tiempo desde Esaouira para esperar a mi hermano. Mi día de ventaja sirvió para gestionar los pequeños asuntos que me dejaran rodar después sin preocupaciones: reparé el juego que hacía el rodamiento de la potencia de mi bici, encontré cajas de cartón con las que hacer mi embalaje aéreo de vuelta, organicé el alojamiento para nuestro regreso y algunas otras gestiones menores.

El día de la legada de Alberto aún tuve tiempo de estudiar con cuidado la salida de la ciudad y acercarme con antelación a la tienda que suministraba la bici de mi hermano y revisar que su talla y su portaequipajes estuvieran a punto.



Al fin, a mediodía, apareció mi hermano procedente de un vuelo desde Madrid y listo para cambiarse y ponernos sin demora en ruta. Mi hermano es feliz cada vez que pisa este país. Lo huele, lo mira,  saborea cualquier cosa que se lleva a la boca, cierra los ojos, suspira hondo y ya está: ¡¡Estoy en Marruecos!! 

Etapa 3: Marraquech a Tahanoute

Rodamos con una primera hora de calor llevadero muy cerca del mediodía. Mi hermano va haciéndose a la vez al sillín, a la bici, al cambio, al tráfico, a la orientación y al calor. No está mal el reto cuando seguro que estuvo hasta última hora de la tarde de ayer trabajando en su oficina.

Vamos suave vigilando el tráfico, rodeados de grandes fincas, de olivos y de huertos. El terreno es llano y se aproxima lentamente a la cordillera que se ve imponente al frente, aunque lejana aún.


Los 34 kilómetros se hacen en un rato. Después de una leve exploración terminamos haciendo preguntas en la farmacia. Sucede que en estos lugares siempre hay gente instruida que habla francés y conoce alojamientos y otras modernidades.


La negociación no llega a un éxito completo y se reduce a una estupenda habitación, que no es poco. A cambio el lugar es perfecto: la calma entre los olivos. Cenamos en el pueblo y nos aprovisionamos de material para un desayuno autónomo: zumos, quesitos y pastelillos.

Datos:                 Distancia       Tiempo rodando        Velocidad media        Tiempo etapa

Etapa 3
34 Km.
2:08 horas
16,0 km/h
2:45 horas
Acumulado*
160 Km.


11:25 horas



viernes, 5 de julio de 2013

Cordillera del Atlas. Travesía en bicicleta. Junio de 2013

A

Este es el vídeo de la travesía del Atlas que hice con mi hermano Alberto desde Marraquech y superando el puerto de Tizi-n-Test entre los días 6 y 11 de junio de 2013