lunes, 8 de junio de 2015

Terra Alta

Hace tres años me embarqué en un viaje de reconocimiento de los escenarios de la Batalla del Ebro. Un episodio tan cruento como lejano de la Guerra Civil española.

Fue la lectura del libro de Jorge M. Reverte sobre este hito de la contienda la que me dio el impulso para tomar mi bici y subirme a un tren hasta Mora de Ebro. Justamente un mes de julio. 74 años después de aquellos dolorosos 100 días que siguieron a la madrugada del 25 de julio de 1938.

Desde Mora recorrí Miravet, Pinell de Bray, Gandesa, Batea, Villalba y Corvera.

Resultó un viaje extraño. En extremo silencioso. No solo porque no encontré a nadie en mi deambular por las cicatrices que la batalla dejó marcadas sobre el terreno, sino porque ninguno quiso compartir conmigo sus recuerdos propios o prestados.

Olivos milenarios de Pinell.
Foto: Nuria González
Una desmemoria general se había instalado en las gentes como niebla entre las ramas negras de los campos de olivos. A fuerza de no recordar, hasta los datos más elementales de aquellos días se habían perdido para cualquiera. Me quedé así inútilmente instruido de historia pero vacío de vivencias que eran, verdaderamente, lo que buscaba.

He vuelto en estos días de junio y he pedaleado con Nuria por la senda verde que atraviesa en paz parte de la sierra de Pàndols-Cavalls.

Sobre la costura del antiguo ferrocarril que llegó a unir Tortosa y Alcañiz hemos hecho dos días de bici. En esta ocasión fue un gerundés, Borja García, al que me encontré el pasado febrero con sus amigos ciclistas en Puyuhuapi (Chile) el que empujo a no postergar esta ruta.

Nuestra base de operaciones ha sido el Camping Terra Alta de Bot, justo al costado de la senda. Juan, el dueño, ha asesorado nuestros planes y  aliado a la brisa vespertina de esos campos de la Terra Alta ha aligerado el calor intenso de estos días en el final de las etapas.

La propuesta para la primera jornada fue bajar hasta la estación de Pinell de Bray para alcanzar luego el pueblo encaramado sobre las rocas. En total 38 llevaderos kilómetros, con suave ascenso en en recorrido de vuelta.


Para el segundo día dejamos la ruta más corta, alejándonos del Ebro, hasta alcanzar el río Algars, que es el límite con Aragón, y el pueblo turolense de Lledó, en la comarca de Matarraña.

Estación de LLedó
Este es un tramo más solitario y de intensa belleza. Hemos ido dejando algunos pueblos, como Horta de Sant Joan, que esperan a nuevas jornadas de bicicleta.

Asomados a Teruel hemos sentido de nuevo la belleza de este enorme espacio, tan poco poblado que no llega a los 10 habitantes por cada kilómetro cuadrado. Pocos pero muy cordiales.



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