lunes, 31 de marzo de 2025
Tailandia 2012 ‐ Hecho con Clipchamp
martes, 25 de marzo de 2025
sábado, 22 de marzo de 2025
miércoles, 19 de marzo de 2025
lunes, 17 de marzo de 2025
lunes, 30 de septiembre de 2024
domingo, 15 de septiembre de 2024
lunes, 2 de septiembre de 2024
Agua blanda
Llevamos los primeros días de septiembre viviendo sobre el agua del Lago Inle, en Birmania. Al parecer, el nivel del agua es el habitual, unos dos metros y medio por encima de la temporada seca. Pero no es es ese dato que importa a los habitantes de esta aldea, que ven como al inicio de la temporada de lluvias el agua empieza a apoderarse de las calles, incluso del piso de algunas casas, a pesar de estar todas ellas levantadas sobre pilotes de madera clavados en la tierra de entre tres y cuatro metros
En unas semanas no sólo es el pueblo el que se hace acuático. También los habitantes transforman por completo su modo de vida cotidiano. Las pequeñas motos que aseguran la movilidad en tierra se guardan en seco y en su lugar aparecen las barcas, con motor o sin él, que recuperan su utilidad haciéndose imprescindibles.
En este lugar los niños aprenden enseguida a manejar con su corto remo estas barcas negras, estrechas y largas que permiten ir a la tienda de avíos, al colegio o de visita a los parientes. Pero el juego colectivo desaparece, no hay tierra en donde compartir un balón. Incluso en los colegios todas las canchas y patios están anegados.
Aquí, para armar la comida de cada día hay que echar mano de las reservas, pues los campos de arroz son ahora inservibles y si acaso se dispone de hileras de tierra elevada y seca con tomates y otros vegetales cultivados desde barcas se pueden aprovechar estos huertos, pero de otro modo se depende completamente de los animados mercados locales, tan semejantes a los zocos árabes, en donde aparecen todos los productos provenientes de la tierra seca. De allí se obtienen también las carnes, como el pollo y el cerdo, que no es posible criar en el agua. Los peces se presentan en forma seca pues aquí no hay neveras y en cualquier caso la electricidad no es estable.
Las barcas, que también son el transporte público en estas aguas, surcan las inundadas calles durante las horas de luz y la noche trae un completo silencio como compañía a la densa oscuridad sin alumbrado general.
El enorme plano de agua que se ha estado agitando un tanto al paso de las barcas con motor al llegar la noche, casi quietas, reflejan tan solo alguna luz de las casas cercanas. En esos momentos y el las primeras luces del día el agua parece blanda con su leve movimiento ondulado y su nulo chapoteo. Sin corriente alguna parece que encontrarás al levantarte idéntica porción de agua circundante que la que dejaste fuera y debajo de tu sueño.
viernes, 24 de mayo de 2024
jueves, 14 de marzo de 2024
En invierno, al SUR
Cada comienzo de año contemplo con melancolía el invierno que me rodea y la larga espera de la primavera que queda por delante.
Hay Trabajo. Muchos proyectos que planear como, en este año 24, la ruta hasta completar el camino del Río Ebro en bici desde Tudela, la caminata anual de los amigos de la Universidad, la caminata familiar con hermanos e hijos, el viaje veraniego con mis nietos y el menudeo de asuntos logísticos. Esto da bastante trabajo de encajar calendarios, hacer mapas, construir hojas de ruta, buscar alojamientos, preparar citas, redactar correos y otros muchos detalles.
Hasta ahí lo agradable. Hay que añadir que en esta década prodigiosa en la que me encuentro, también los médicos reclaman su tiempo, con pruebas, análisis y visitas.
Sentía en inviernos pasados que no aprovechaba suficientemente el tiempo. Tenía que hacer algo al respecto y así, ya desde las semanas finales del año pasado, empecé a desplazar las nuevas citas de salud a marzo y a arrancar con mucha anticipación los preparativos de los proyectos del año nuevo. Fue así como conseguí liberar febrero, un mes poco apreciado por todos: ni caminatas, ni encuentros de amistad, ni convocatorias familiares, ni bautizos, ni bodas.
Febrero es un mes de refugio. Es tiempo de encerrarse en casa esos días tan cortos, de sacar del armario todas las utilidades para enfrentar el frío, leer mucho el que tenga esa costumbre, de dormitar ante alguna pantalla, hacer comidas contundentes y, sobre todo esperar sentado a la Primavera.
Por todo eso pensé que tenía que ensayar una innovación: viajar en Febrero. Todo el mes.
Viajar te ofrece cada día un aprovechamiento completo de las horas. Descubrir lugares que no conocías o que si ya habías estado ahí nunca fue en invierno. Prestar atención a los detalles de la vida cotidiana de los pueblos. No tener prisa para nada ni sentir la de los demás como sucede en las épocas mas frecuentadas.Mi California no tiene calefacción para pasar una noche a temperatura aceptable en cualquier parte, así que se imponía fijarse en el SUR para encarar tierras más templadas.
Viajando con Valentina, la VW California, casi todo lo que sucede es improvisado, ventaja de tener vehículo, alojamientos y demás en el mismo ingenio. Por eso , hice un esbozo general y el resto fue surgiendo. Bajé desde Barcelona a Valencia, por la A7, me adentré en La Mancha por Albacete, fui en busca de Andalucía a través de Úbeda y Linares. Luego Carmona, recorrer la provincia de Huelva con destino a la Vila Real de Sto. Antonio, ya en Portugal, y terminar la ida en Faro (Algarve)
Visité a mis amigas Elia, João y Xana; recorrí a pie las últimas etapas del Camino natural del Guadiana, me instruí en las Minas de Santo Domingo y sus puertos fluviales de Pomarão y La Laja, y salí animado de Portugal en busca de Nuria que se vino un fin de semana largo hasta Sevilla y desde allí dimos un recorrido tranquilo por la Sierra de Aracena. Por último viajé de regreso a casa deteniéndome en las Lagunas de Ruidera , en Albacete, para caminar las primeras etapas del Río Guadiana.
En total fueron 28 días y poco más de tres mil kilómetros los recorridos. Y claro está, llegué a casa en marzo, con la primavera de compañía.Este es un vídeo del viaje. PICA ESTE ENLACE
lunes, 2 de octubre de 2023
Baler
Hace 20 días no sabia en donde estaría ahora. Pendiente de unos resultados médicos, a diez mil kilómetros de distancia, me deslizaba por el viaje a Vietnam sin tan siquiera un billete de avión de vuelta, ni tampoco una ampliación de la estancia en Asía. Vivía la incertidumbre aunque sin agobio.
La llegada de los resultados me cogió desnudó. Solo llevaba puesto el propósito de ir a Filipinas si se podía y nada más. Ni billetes de avión, sin un mínimo plan de viaje, ni reserva alguna de alojamiento y sin el imprescindible billete de salida y vuelta a casa.Entonces tuve que componer este viaje sobre la marcha. Saqué mis billetes de avión, extendí la cobertura temporal de mi seguro de viaje y reservé los primeros días de alojamiento en Manila. También eché mano de algunas lecturas previas, de un interesante recorrido de Ramón Vilaró en su relato periodístico “Mabuhay. Bienvenidos a Filipinas” y pocas referencias más. Si acaso, no incorporar las islas menores por los largos desplazamientos y mi desinterés creciente por la vida playera. Me centraría en Luzón.
Pero lo que lleva más tiempo, trazar un mínimo plan de viaje no lo tenía. Qué raro para alguien tan minucioso o como dicen en Argentina, “proliijto ”. Con esos mimbres armé con urgencia el itinerario: 6 objetivos para 26 días. Manila, Baler, Baguio, Benaue, Sagada y Vigan. Los temas que me planteé fueron tres: la huella de la presencia de los españoles en Filipinas, la vida rural y los empeños de los constructores de arrozales en terraza y, por último, la inspiración del fotógrafo Masferré y sus imágenes de los pueblos indígenas de la Cordillera.
Un autobús nocturno me trajo a Baler, la primera parada del viaje por Luzón.
Baler es conocida en estos tiempos por los tifones que la azotan con inclemencia en su costa llana y abierta al Océano Pacífico. En otros tiempos fue el pueblo donde tuvo lugar la resistencia, al únoco amparo de una iglesia, de los “Últimos de Filipinas”
También llamados “los héroes de Baler” resistieron un asedio de guerrilleros indígenas prácticamente durante un año en 1899. Se da la circunstancia de que la guerra insurgente contra las tropas españoles había terminado un año antes y mediante el Tratado de Paris España vendió simbólicamente a los Estados Unidos el archipielago por unos pocos millones de dólares. En el paquete se incluían Guam y Puerto Rico.
Aquella resistencia numantina e inútil de un puñado de soldados ha permanecido en el recuerdo más aquí, en Baler, que en España, en donde la gente más joven desconoce esta historia. No así en esta pequeña ciudad que tiene un interesante Museo casi por completo dedicado a aquel episodio y que celebra cada año una fiesta de hermandad de los contendientes.
Años atrás se rememoró la resistencia y sus padecimientos en una película de 1945 de cierto éxito, especialmente por la canción compuesta ex profeso para la cinta “Yo te diré”. También más recientemente, en 2016, se filmó una nueva película con un distinto enfoque: “1898. Los útimos de Filipinas” que tuvo apenas trescientos mil espectadores.
Mis días aquí han sido provechosos y no solo en lo que a rememorar aquellos sucesos se refiere. He superado una amenaza que sobrevuela al viajero de mochila y es reservar con poco tino un alojamiento inaceptable, por debajo de mis umbrales de confort, ya de por sí bajos. Las carencias del lugar, empezando por no disponer de agua corriente, eran descritas sin vergüenza por la propiedad como “el típico campamento filipino”
También he sacado jugo al alquiler de una scooter, que me ha permitido desenvolverme por los alrededores y empezar a entender algo la manera de vivir de estas gentes de la provincia costera de Aurora. Singularmente en domingo muchas familias alquilan una palapa en la playa y pasan el día compartiendo los guisos y bebidas que han traído de casa. En mi recorrido, me acerqué algo hambriento a un puesto en el que vi viandas y que interpreté como de comida de calle. Allí que me senté y comí frugalmente. A la hora de ir a pagar, ante su negativa a aceptar ningún dinero, comprendí que me había auto invitado a la comida dominical de una familia.
Ya tengo más confianza en esta aventura, en gran medida improvisada, y encaro los días que me esperan en la Cordillera con algunos imprescindibles conocimientos de los transportes y sus usos, el modo de vida de la población, el manejo del peso filipino, los alimentos disponibles y cosas así.
sábado, 23 de septiembre de 2023
Cordillera
En Banaue las laderas son tan empinadas que más parece que te descuelgas cuando las bajas.
sábado, 17 de junio de 2023
jueves, 20 de abril de 2023
jueves, 1 de diciembre de 2022
Serranía de Cuenca otoño del 22
El octubre hice un largo viaje de exploración por la Serranía de Cuenca en busca de conocimiento, información y contactos de la trashumancia, que cada año se realiza con los rebaños de ovejas desde allí a los pastos de Mestanza, en la falda norte de Sierra Morena.
Finalmente los hermanos Cardo que salen cada 1 de noviembre con sus 1.500 ovejas hacia el sur aceptaron llevarle en la trashumancia de 2023. 23 jornadas y casi 400 km.
martes, 22 de noviembre de 2022
Península XX. La travesía final. De Moraira al Cabo de Palos
![]() |
| Mapa completo de las travesías de Península Para ver el vídeo de la travesía picar en el siguiente enlace de este blog |
https://400dias.blogspot.com/2022/12/peninsula-xx-version-luka-de-moraira.html
jueves, 7 de julio de 2022
martes, 26 de abril de 2022
¿Tiempo perdido?
Entrenar en bicicleta para poder afrontar la próxima travesía en mínimas condiciones es bastante aburrido. El camino se repite con ligeras variantes porque me mantengo en carriles bici lejos de los coches y no hay mucho en dónde elegir. Ni tan mal, que puedo hacer casi 30 km. desde casa sin preocuparme. Entre la ida y la vuelta, claro.
Para incentivarme, alguna vez voy directo hasta un bar con terraza regentado por un chino joven y simpático que prepara el segundo desayuno del día con un pequeño bocata de tortilla francesa hecha sobre la marcha y un café.
Hoy ya hemos empezado a asomar del agujero del largo invierno, con un sol radiante y una animación de gente creciente en la calle; tanto, que no había mesa libre en la terraza. Casi todas estaban ocupadas por estudiantes de la Escuela de Ingeniería de la UPC, ruidosos, desenfadados y alegres. A las 11 de la mañana pudiera parecer que estaban perdiendo el tiempo. No lo creo.
Esta compañía estudiantil de la pausa china me ha hecho recordar los tiempos de la Universidad de los 70.
En mi caso, aunque tenía "clases" en el turno de tarde, mi jornada empezaba a primera hora después de comer, con un ensayo en los locales del coro universitario, precedido por algún disputado torneo de ping-pong entre los agresivos bajos y los defensivos tenores.
Al terminar, sobre las 5 y pico, éramos muchos los que nos mudábamos al cercano café España, territorio preferente de jubilados y funcionarios de jornada continua. Tomábamos café, charlábamos a granel y reíamos sin medida de nuestras propias ocurrencias. No había prisa alguna.









































.jpg)







