He hecho dos shorts con algunas de las imágenes de la travesía, que se llevó a cabo entre el 30 de mayo y el 12 de junio. Son estos su enlaces:
Travesía del Guadiana primera parte
Travesía del Guadiana segunda parte
Tizi'n Test. Cordillera del Atlas. Marruecos
He hecho dos shorts con algunas de las imágenes de la travesía, que se llevó a cabo entre el 30 de mayo y el 12 de junio. Son estos su enlaces:
Travesía del Guadiana primera parte
Travesía del Guadiana segunda parte
Ahora este escenario de preliminares, bien resueltos a través de los años, se ha llevado a cabo en mucho menos plazo. Así que me encuentro con tiempo para pensar en otras cosas no materiales sobre la aventura que me dispongo a abordar.
Cada día me despierto con la duda de si todo saldrá bien. Si el éxito y la satisfacción me esperarán al final del trayecto. Es incómodo. Puede que sea cobardía, falta de seguridad en mi estado físico, dudas sobre si las etapas del reto están bien medidas. No hay lista ni preparación que puedan aliviar con éxito estas emociones. No hay.
A pesar de la antipatía que le tengo, es el miedo el que me recibe cada mañana. El precursor de la cobardía. Me pregunto cómo vencerlos?
No es la primera vez que vivo esta emoción, pero en otras ocasiones no tenía tiempo para detenerme y la incertidumbre se quedaba en breve y poco intensa.
El calor ha venido a liberarme de la cobardía. Los pronósticos del tiempo para los días de ruta en Ciudad Real y en Badajoz son de un calor feroz. Temperaturas máximas por encima de los 33 grados. Tan solo tengo en el pensamiento cómo hacerle frente a esta contingencia abrasadora.
Por resumir, aparte de la hidratación y la protección de la piel, la principal estrategia es comenzar a pedalear cada día muy temprano. Tanto como que el alba (5:40 a.m.) me encuentre listo para empezar en cuanto se pueda distinguir el camino.
Remato los últimos preparativos para abordar en unos días la travesía del Río Guadiana. A mi pesar esta vez iré solo.
Mi compañero ciclista y amigo de muchos años, José Ramón, no podrá acompañarme a los calores Manchegos, Extremeños y Portugueses del sur. Ya me había acostumbrado a la seguridad y al estímulo de su compañía. Por suerte nos quedan más grandes ríos de España, el Tajo y el Guadalquivir.
La del Guadiana será la travesía número XXV de la Península Ibérica desde el comienzo en Portbou en 2010. Hasta 2022 recorriendo casi todo el contorno peninsular a pie y el resto en bicicleta y a partir de entonces abordando los grandes ríos Ebro y Duero. Voy ahora a por el tercero.
Las semanas anteriores al viaje de aproximación tienen mucho de duda, incluso de zozobra. Podré abordar el reto? Habré calculado bien las etapas y su dificultad? Podré encontrar un buen sitio para acampar los días en que no hay alojamiento disponible? Cada día estás preguntas y otras parecidas ronronean en mi cabeza. Por suerte ya se de otras veces que en cuanto armas las alforjas y pedaleas los primeros metros todas las incertidumbres desaparecen y una extraña, pero reconfortante, seguridad llega y se adueña de ti.
Con ocasión de las bicicletas nuevas de mis nietas Lucía e Irene organicé con su madre, mi hija María, un encuentro en Toulouse para hacer juntos algunas etapas del Canal. El rendimiento de las chicas, que están cerca de cumplir los 12 años, fue excelente. También hay que hacer mención a Valentina, nuestra California que nos dio soporte y alojamiento esos días de mayo.
Hice un short del viaje que puede verse en este enlace<:
Por mucho tiempo el barlovento de Fuerteventura trajo aquí tan solo olas y viento. No hace
tanto también llegó la
pequeña agricultura de secano y el pastoreo, el trasiego de arrendatarios y
pastores y algo más de un siglo de actividad humana.
El sonido de las caballerías
bajando desde La Degollada se ha desvanecido por completo desde hace siete
décadas y ahora son los neumáticos de los escasos coches de alquiler que se
esfuerzan en no salirse de la calzada de tierra y hoyos.
Ecos de los escasos pobladores de
este rincón de la Dehesa de Jandía. Pescadores de faenas empujadas por las
corrientes, pastores de cabras en busca del siempre escondido herbaje y
elaboradores de quesos, sufridos arrendadores atendiendo los escasos terrenos
productivos.
Nada queda ahora de toda esa
actividad salvo un camposanto marino en el límite de la playa. Ahí llegamos un atardecer de diciembre
abrigados del viento y sorprendidos por el inesperado escenario de las
fotografías del atardecer. No hay lápidas ni restos de piedra elaborada alguna,
tan solo arena, sencillas cruces de madera renovadas y pedruscos volcánicos
señalando las sepulturas.
No solo hicimos fotos. También
deambulamos entre los túmulos sin nombre ni tiempos de vida. Sintiendo el
viento en la cara, a la arena colarse en los zapatos y el sonido pacificador
del oleaje de barlovento.