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Cada comienzo de año contemplo con melancolía el invierno que me rodea y la larga espera de la primavera que queda por delante.
Hay Trabajo. Muchos proyectos que planear como, en este año 24, la ruta hasta completar el camino del Río Ebro en bici desde Tudela, la caminata anual de los amigos de la Universidad, la caminata familiar con hermanos e hijos, el viaje veraniego con mis nietos y el menudeo de asuntos logísticos. Esto da bastante trabajo de encajar calendarios, hacer mapas, construir hojas de ruta, buscar alojamientos, preparar citas, redactar correos y otros muchos detalles.
Hasta ahí lo agradable. Hay que añadir que en esta década prodigiosa en la que me encuentro, también los médicos reclaman su tiempo, con pruebas, análisis y visitas.
Sentía en inviernos pasados que no aprovechaba suficientemente el tiempo. Tenía que hacer algo al respecto y así, ya desde las semanas finales del año pasado, empecé a desplazar las nuevas citas de salud a marzo y a arrancar con mucha anticipación los preparativos de los proyectos del año nuevo. Fue así como conseguí liberar febrero, un mes poco apreciado por todos: ni caminatas, ni encuentros de amistad, ni convocatorias familiares, ni bautizos, ni bodas.
Febrero es un mes de refugio. Es tiempo de encerrarse en casa esos días tan cortos, de sacar del armario todas las utilidades para enfrentar el frío, leer mucho el que tenga esa costumbre, de dormitar ante alguna pantalla, hacer comidas contundentes y, sobre todo esperar sentado a la Primavera.
Por todo eso pensé que tenía que ensayar una innovación: viajar en Febrero. Todo el mes.
Viajar te ofrece cada día un aprovechamiento completo de las horas. Descubrir lugares que no conocías o que si ya habías estado ahí nunca fue en invierno. Prestar atención a los detalles de la vida cotidiana de los pueblos. No tener prisa para nada ni sentir la de los demás como sucede en las épocas mas frecuentadas.Mi California no tiene calefacción para pasar una noche a temperatura aceptable en cualquier parte, así que se imponía fijarse en el SUR para encarar tierras más templadas.
Visité a mis amigas Elia, João y Xana; recorrí a pie las últimas etapas del Camino natural del Guadiana, me instruí en las Minas de Santo Domingo y sus puertos fluviales de Pomarão y La Laja, y salí animado de Portugal en busca de Nuria que se vino un fin de semana largo hasta Sevilla y desde allí dimos un recorrido tranquilo por la Sierra de Aracena. Por último viajé de regreso a casa deteniéndome en las Lagunas de Ruidera , en Albacete, para caminar las primeras etapas del Río Guadiana.
En total fueron 28 días y poco más de tres mil kilómetros los recorridos. Y claro está, llegué a casa en marzo, con la primavera de compañía.Este es un vídeo del viaje. PICA ESTE ENLACE
Hace 20 días no sabia en donde estaría ahora. Pendiente de unos resultados médicos, a diez mil kilómetros de distancia, me deslizaba por el viaje a Vietnam sin tan siquiera un billete de avión de vuelta, ni tampoco una ampliación de la estancia en Asía. Vivía la incertidumbre aunque sin agobio.
La llegada de los resultados me cogió desnudó. Solo llevaba puesto el propósito de ir a Filipinas si se podía y nada más. Ni billetes de avión, sin un mínimo plan de viaje, ni reserva alguna de alojamiento y sin el imprescindible billete de salida y vuelta a casa.En Banaue las laderas son tan empinadas que más parece que te descuelgas cuando las bajas.
El octubre hice un largo viaje de exploración por la Serranía de Cuenca en busca de conocimiento, información y contactos de la trashumancia, que cada año se realiza con los rebaños de ovejas desde allí a los pastos de Mestanza, en la falda norte de Sierra Morena.
Finalmente los hermanos Cardo que salen cada 1 de noviembre con sus 1.500 ovejas hacia el sur aceptaron llevarle en la trashumancia de 2023. 23 jornadas y casi 400 km.
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| Mapa completo de las travesías de Península Para ver el vídeo de la travesía picar en el siguiente enlace de este blog |
Entrenar en bicicleta para poder afrontar la próxima travesía en mínimas condiciones es bastante aburrido. El camino se repite con ligeras variantes porque me mantengo en carriles bici lejos de los coches y no hay mucho en dónde elegir. Ni tan mal, que puedo hacer casi 30 km. desde casa sin preocuparme. Entre la ida y la vuelta, claro.
Para incentivarme, alguna vez voy directo hasta un bar con terraza regentado por un chino joven y simpático que prepara el segundo desayuno del día con un pequeño bocata de tortilla francesa hecha sobre la marcha y un café.
Hoy ya hemos empezado a asomar del agujero del largo invierno, con un sol radiante y una animación de gente creciente en la calle; tanto, que no había mesa libre en la terraza. Casi todas estaban ocupadas por estudiantes de la Escuela de Ingeniería de la UPC, ruidosos, desenfadados y alegres. A las 11 de la mañana pudiera parecer que estaban perdiendo el tiempo. No lo creo.
Esta compañía estudiantil de la pausa china me ha hecho recordar los tiempos de la Universidad de los 70.
En mi caso, aunque tenía "clases" en el turno de tarde, mi jornada empezaba a primera hora después de comer, con un ensayo en los locales del coro universitario, precedido por algún disputado torneo de ping-pong entre los agresivos bajos y los defensivos tenores.
Al terminar, sobre las 5 y pico, éramos muchos los que nos mudábamos al cercano café España, territorio preferente de jubilados y funcionarios de jornada continua. Tomábamos café, charlábamos a granel y reíamos sin medida de nuestras propias ocurrencias. No había prisa alguna.
La comarca del Campo de Belchite está entre las provincias de Zaragoza y Teruel. Encierra una serie de parajes de gran interés. Desde las zonas más esteparias hasta las de ribera cerca de la cuenca del río Aguasvivas y tiene 1.043 km2 de superficie.
Hay muchas rutas a pie en los alrededores y muchas de carácter circular. Por proponer una , merece la pena la que recorre el tramos del río Aguasvivas entre las localidades de Almonacid de la Cuba a Belchite. Esta caminata de casi 9 km, en los que se emplea poco más de tres horas, es circular y alcanza a visitar el interesante Pozo de los Chorros.
Pero la motivación principal para una visita a la zona es el pasado de Belchite y el repaso de los acontecimientos que tuvieron lugar aquí en el verano de 1936 en un corto pero intenso enfrentamiento militar entre los dos bandos de la Guerra Civil española.
El Ayuntamiento de la localidad organiza una visita guiada al Pueblo Viejo de Belchite que se encuentra en ruinas pero que permite rememorar los combates de aquellos días de agosto y las vicisitudes de la población civil para lograr sobrevivir.
Hay varios horarios y aunque el precio es de 8 euros la visita es extensa y bien informada por los guías.
El pueblo nuevo tiene también su interés. Construido tras la guerra y el abandono del pueblo viejo a partir de 1940 con el estilo característico de las regiones devastadas dispone de todos los servicios.
Un fin de semana da tiempo para
completar el viaje por la zona acercándose a Fuendetodos., a 44 km de Zaragoza
y 19 de Belchite Este pueblo es conocido por ser la localidad de nacimiento de
Francisco de Goya en 1746. En proceso de recuperación arquitectónica, la intervención
en sus casas y calles ha conseguido un conjunto armonioso y ordenado.
El pueblo tiene el museo de la casa natal del pintor, el museo del grabado y la casa de Zuloaga, dedicada a exposiciones. Del pueblo parten multitud de senderos.
Hay buen aparcamiento para
pernoctar tanto en Belchite, junto a la estrada de las ruinas, como en varios
lugares discretos de Fuendetodos.
Sede de la Comarca del Campo de Belchite
c/Ronda Zaragoza s/n.50130 Belchite (Zaragoza)
976 830 186
Email: administración@campodebelchite.com